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Dermatitis alérgica a las pulgas: un problema constante en animales pequeños. |
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Introducción
Las pulgas son los parásitos chupadores de sangre más comunes en un amplia gama de animales de
sangre caliente.
La pulga del gato (Ctenocephalides felis felis) representa un 70% de todas las infestaciones
por pulgas (Dryden y Rust 1994; Krämer y Mencke 2001). Las pulgas amenazan la salud humana
y animal debido a las reacciones a las picaduras y a la transmisión de agentes infecciosos,
como la Baronella henselae, un organismo asociado con la fiebre por arañazo de gato (Chomel
y cols. 1996).
Los signos clínicos de infestación por pulgas en el perro pueden ser dermatitis papular,
seborrea y prurito, seguido en algunos casos por dermatitis bacteriana secundaria. Las
infestaciones repetidas pueden llevar, además, a la dermatitis alérgica en el perro debido
a la sensibilización a los componentes de la saliva de la pulga.
También se describen reacciones similares en otros huéspedes como el gato o el género humano
(Feingold y Benjamini, 1961). Como el ciclo vital de la pulga del gato es bastante corto, con
aparición de una nueva generación cada tres semanas, las viviendas pueden verse infestadas
de pulgas en un corto periodo de tiempo. Por lo tanto, son necesarias medidas de control
eficaces (Rommel y cols. 2000) para evitar la diseminación de una población de pulgas.
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